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De las brujas, la mollera y otros mitos de recién nacidos


No son historias correspondientes al siglo pasado o al anterior. Son muy reales y abundan actualmente, sobre todo en los hospitales de Salud Pública: "la bruja puede devorar el cerebro o sangre de tu hijo si no lo cuidas”, “es verdad, yo la vi, es el del tamaño de una totora”, “sí, se comen al niño por la mollera”. Los comentarios se repiten repicando entre las paredes de las salas de recién nacidos.

No podía ser de otra forma. En una Puebla donde se combinan los mitos coloniales con las leyendas urbanas postmodernas además de las tradiciones que se mantienen en las colonias y juntas auxiliares más lejanas este tipo de historias pululan en torno a las familias que tienen hijos recién nacidos.

“Sí, la bruja sí existe. Yo la vi, es del tamaño de una totola”, confiesa una madre que recientemente dio a luz en el Hospital General Número 36 del IMSS, el popularmente conocido como “San Alejandro” o “San Alex”. El resto de las mujeres le sigue el juego: 

“Es cierto, la vez pasada vi cómo estaba chupando la mulera de un niñito por una especie de ‘mecatito’ y cuando la espantaron aventó al pobre niño”. Otra dice: “sí, la bruja ya sabemos quién es, una viejita que vive por mi casa”. “En nuestro caso es un viejito y no le importó chuparse a un niño de su propia familia”.

Para muchas poblanas y poblanos, la existencia de brujas que devoran a recién nacidos es tan cierta como la existencia de elefantes o leones: una especie más que puebla la tierra. La bruja, que en realidad es un mitos e raíces celtas, es otra más de las creaciones producto del mestizaje, la ignorancia científica y la necesidad de creer en fantasías.

Las brujas llegaron a lo que sería Nueva España y posteriormente México junto con los españoles. Aunque originalmente la Iglesia Católica rechazaba la existencia de la brujería a finales del siglo XIII principios del XIV no solo la reconoció, sino que hasta la persiguió.

En 1484, el papa Inocencio VII promulgó la bula Sumis Desiderantis en la cual reconoce formalmente el hecho de la brujería. Dos años después se publica el libro Malleus Maleficarum ("Martillo de las brujas") de dos dominicos alemanes, en el que se presenta la brujería como una secta diabólica que hay que exterminar.
Portada Original del Maleus Maleficarum haz clic y amplía

La conquista de México ocurrió en 1521, medio siglo después de publicado el libro “para la exterminación de brujas”. A Puebla fue enviada una copia del Malleus Maleficarum que permanece resguardada en la Biblioteca La Fragua de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, como comprobó SoyPoblano.com

Si bien el terror que despertaban las brujas fue heredado por los españoles y este se fortaleció entre los primeros mexicanos, parecería irrisorio que hoy en pleno Siglo XXI aún este mito siguiera asustando a madres de recién nacidos.

En el mito actual, las brujas son mujeres con extraordinarios poderes que tienen la capacidad de transformarse en animales como cerdos, guajolotes u otra especie de rancho, en algunos mitos; en otros, se pueden convertir en animales feroces o criaturas extrañas.

También muchos poblanos -al igual que otros mexicanos en distintas partes del centro y sureste del país- creen que las brujas se transportan viajando en enormes bolas de luz o fuego, lo cual es sumamente distinto al mito de la brujería en Europa, donde la creencia persistente es de mujeres voladoras ya sea con o sin escoba.

Como sea, en México la creencia más difundida de las brujas es su alimento: un aterrador cuento para que las madres cuidaran a sus hijos recién nacidos, pero que dejó de ser una historia pedagógica para transformarse en una creencia tan real como cualquier hecho científico.

Y la creencia de que las brujas se alimentan de niños es tan persistente en México que una de sus sones jarochos más folclóricos, La Bruja -SoyPoblano.com recomienda ampliamente la versión de Lila Downs con Eugenia León-, justamente relata las aventuras de un par de estas criaturas come-infantes.

Me agarra la bruja y me lleva a su casa
me vuelve maceta y una calabaza,
me agarra la bruja y me lleva al cerrito
me vuelve maceta y un calabacito,
que diga y que diga y que dígame usted
cuantas criaturitas se ha chupado ayer,
ninguna, ninguna, ninguna lo se
yo ando en pretensiones de chuparme a usted.

La canción fue compuesta en Catemaco, Veracruz, el municipio de mayor brujería en todo México. La revista de divulgación turística del país, México Desconocido, se refiere así a los brujos de Catemaco:

"Pregunta a cualquier habitante de Catemaco sobre las actividades de los brujos y hechiceros del municipio. Ellos te guiarán hacia sus espacios y centros de retiro donde te podrán practicar desde limpias hasta todo tipo de conjuros y trabajos de hechicería, así como sendas prácticas de sanación natural. Muchas son las personas que aseguran que si no vives esta mística experiencia nunca has estado en Catemaco”.

Pero incluso las facetas tradicional, folclórica o incluso turística de la brujería han quedado atrás. Hoy la internet ha permitido el fortalecimiento en México del mito de las brujas a través de videos, relatos y fotografías mal tomadas que demuestran que pese a que ahora vivimos en la era de la ciencia, el mexicano está dispuesto a creer pese a todo y contra todo.

Los primeros 200 resultados que muestra el buscador de Google tras las palabras “Bruja” y “México” corresponde a páginas que divulgan videos, fotos o supuestas historias legítimas de la existencia de las brujas.

Tal vez el video más significativo es el que fue subido en Agosto de 2014 a Facebook y posteriormente a Youtube (Míralo Aquí). En este, una supuesta bruja es atrapada y filmada por duranguenses de la región de la Campana. Los pobladores torturaron a una lechuza, quemándola, al creer que era una bruja.

Y tú, ¿crees en las brujas y en que chupan a los niños?

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