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Juchitán, donde la transexualidad es defendida



El mes pasado, la portada de Vanity Fair con una foto de Caitlyn Jenner, anteriormente llamada Bruce y conocido como atleta olímpico, dio la vuelta al mundo. Parecía como si la transexualidad hubiera sido el gran tabú roto de 2015. Pero a los habitantes del pequeño pueblo mexicano de Juchitán de Zaragoza no les ha hecho falta ninguna edición de Vanity Fair porque para ellos la transexualidad ha sido lo más natural desde hace centenares de años.

A lo largo de todo el istmo de Tehuantepec, mujeres que nacían como hombres han vivido en un paraíso de los derechos de género durante cientos de años, desde antes de la llegada de los españoles. Eran, y siguen siendo, una pieza clave de la sociedad y cultura indígenas de los zapotecas. Son los llamados muxhes: indígenas que no se sienten ni hombres ni mujeres.

Sin embargo, este paraíso donde la vida ha transcurrido con la aceptación del tercer género como algo natural, se ha visto arrinconado por la invasión de la cultura machista.

Los muxhes son una comunidad minoritaria que cuenta solo con el apoyo de su círculo más cercano, y cada vez se concentra en áreas geográficas más reducidas, como es el caso de Juchitán.

Apenas tienen acceso a la educación superior, los trabajos que desempeñan siguen atados al rol más tradicional de la mujer, y muchos se dedican a ejercer la prostitución.

Aunque decenas de reportajes y documentales hayan querido vender una imagen idílica de la vida de los muxhes, Juchitán se ha convertido en un pequeño gueto. Fuera del pueblo –y de algunos pocos más– no son aceptados por la sociedad.

Los trabajos que desempeñan siguen vinculados al rol más tradicional de la mujer
La Vela de las Auténticas Intrépidas Buscadoras de Peligro es una fiesta de Juchitán dedicada exclusivamente a los muxhes. Pese a su protagonismo, es solo una muestra de que su relevancia está vinculada al folclore popular cuando, en el día a día, la realidad es dramática.

El joven cineasta mexicano Michael Matus, autor del documental Kalisis, sobre un niño muxhe, describió que hay incluso algunas familias zapotecas que rechazan y maltratan a los muxhes desde pequeños. Las familias temen que socialmente sean castigadas con la burla, el desprecio y la marginación.

Matus afirmó que, como en muchos lugares del mundo, declararse transexual en el istmo es "muy doloroso". Y aseguró que ese mito del paraíso del tercer género se ha ido perdiendo con la inevitable mezcla de la cultura indígena con la occidental.

La palabra zapoteca muxhe viene del español “mujer”. Es como los colonos españoles llamaban a estos indígenas que, habiendo nacido hombres, se vestían de mujer y desempeñaban los roles destinados a las mujeres en la sociedad zapoteca. Sobre todo, tareas del hogar. E incluso otras, como la iniciación sexual de los varones, ya que las mujeres debían mantenerse vírgenes.

Declararse transexual en el istmo es muy doloroso
Cuando los zapotecos llegaron a la zona del istmo, se unieron a un pueblo anterior con una marcada estructura matriarcal, donde la mujer era el centro de la sociedad. E incorporaron las diferentes identidades de género como un hecho natural.

Durante siglos, para las familias zapotecas era un honor tener un hijo muxhe. En lugar de discriminarlos por querer ser mujeres, se les veía como una bendición. La madre solía defender al hijo que tenía comportamientos más femeninos para respetar su identidad y que creciera como muxhe. Como no solían casarse, eran un apoyo para los padres y para las tareas domésticas.

Esto, sin embargo, también ha contribuido a que los muxhes se hayan quedado recluidos en sus casas y que no estén bien vistos en las diferentes áreas de la sociedad.

O que, como cuenta otro documental, “La fascinante vida de los muxhes”, no puedan adaptarse a la sociedad: la cinta relata, por ejemplo, que muchos muxhes fueron al DF a buscar trabajo. Los que no fueron asesinados volvieron al pueblo por la situación marginal en la que se encontraban.

La realidad de los muxhes solo se da en hombres que nacen sintiéndose mujeres, no al revés. A lo largo de los años, diferentes estudios antropológicos han descrito que se unen con otros hombres. Pero, como ellos mismos dicen, no se les puede clasificar ni como hombres, ni como mujeres, ni como transexuales. Ellos son eso: muxhes, parte de una cultura centenaria en peligro de extinción.

Fuente: Play Ground

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