La izquierda colombiana pierde la presidencia, pero promete conquistar los territorios
La derrota presidencial de la izquierda colombiana no ha cerrado su ciclo político. Tras el triunfo de Abelardo de la Espriella, sectores vinculados al progresismo comenzaron a reorganizar su discurso con la mirada puesta en las elecciones regionales de 2027. Carlos Carrillo, exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, aseguró que su movimiento buscará recuperar poder desde alcaldías y gobernaciones. La estrategia ya no pasa por defender el Gobierno nacional, sino por reconstruir fuerza desde los territorios.
Carrillo sostuvo que los próximos años estarán marcados por amenazas, persecución, insultos y procesos de deshumanización contra quienes integran la izquierda. Su mensaje no fue únicamente una denuncia, sino una convocatoria a la resistencia política. Al afirmar que no podrán silenciarlos y que su sector es más grande que antes, el exfuncionario intentó transformar la derrota electoral en una narrativa de continuidad histórica. Perder la presidencia no significa desaparecer del escenario político.
Desde la perspectiva del poder, el objetivo de conquistar espacios locales resulta estratégico. Las alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas permiten administrar recursos, construir estructuras territoriales y mantener contacto directo con la ciudadanía. También funcionan como plataformas para formar nuevos liderazgos y preparar futuras candidaturas nacionales. Quien controla el territorio no sólo gobierna comunidades: organiza lealtades, moviliza electores y conserva capacidad de negociación frente al poder central.
La propuesta revela, además, un cambio en la forma de entender la oposición. En lugar de limitarse a cuestionar al nuevo gobierno desde el Congreso o las redes sociales, la izquierda buscaría reconstruirse mediante presencia territorial. Esa ruta exige abandonar parcialmente la dependencia de figuras nacionales y fortalecer cuadros regionales capaces de conectar con problemas concretos. El reto será demostrar que el progresismo puede convertir su discurso ideológico en resultados visibles para la vida cotidiana.
La comunicación tendrá un papel determinante en esta disputa. Carrillo utilizó un lenguaje de confrontación para presentar el próximo periodo como una batalla entre una izquierda democrática y sectores que, desde su perspectiva, intentan normalizar posiciones autoritarias. También cuestionó a grupos empresariales y medios de comunicación por supuestamente suavizar el ascenso de tendencias fascistas. La lucha política vuelve a plantearse como una disputa por nombrar al adversario y definir qué representa ante la sociedad.
Sin embargo, esa narrativa también encierra riesgos. Calificar al bloque contrario como fascista puede movilizar a las bases más convencidas, pero también profundizar la polarización y reducir la posibilidad de persuadir a ciudadanos moderados. La izquierda necesitará decidir si construye su regreso mediante la denuncia permanente o si desarrolla un mensaje capaz de interpretar las razones de su derrota. Una oposición que sólo habla para sus seguidores puede conservar identidad, pero difícilmente recuperará una mayoría.
El episodio también muestra el peso creciente de las redes sociales en la creación de figuras políticas. Carrillo criticó la exposición mediática de Jerome Sanabria, integrante del equipo de transición presidencial, y advirtió que las plataformas digitales pueden fabricar “ídolos con pies de barro”. La controversia confirma que el protagonismo político ya no depende únicamente de trayectorias partidistas o cargos públicos. La visibilidad digital puede acelerar carreras, producir liderazgos y alterar la agenda nacional en cuestión de horas.
Las elecciones regionales de 2027 serán la primera gran prueba para una izquierda que pasó de gobernar Colombia a preparar su resistencia. Su capacidad de regresar dependerá de si logra organizar territorio, renovar liderazgos y construir una comunicación menos defensiva. La presidencia cambió de manos, pero la disputa por el sentido político del país apenas comienza. En Colombia, el próximo ciclo de poder podría definirse lejos de la Casa de Nariño, en las plazas, municipios y gobiernos locales.
Fuente: Infobae. “La izquierda volverá al poder en 2027, aseguró Carlos Carrillo, exdirector de la Ungrd: ‘Si creen que nos van a callar, no han entendido nada’” (2026).
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