Francia investiga la muerte de un ‘streamer’ víctima de meses de abusos en directo
La muerte de Raphaël Graven, conocido en internet como Jean Pormanove, ha encendido las alarmas sobre los límites de las plataformas de transmisión en directo y la responsabilidad de los gobiernos frente al acoso digital. El joven streamer falleció el lunes en plena emisión en la plataforma Kick, donde era sometido con frecuencia a humillaciones y vejaciones transmitidas ante miles de espectadores.
El caso, actualmente bajo investigación de la fiscalía francesa, ha abierto un debate nacional sobre la seguridad en los entornos digitales y el papel de las plataformas en la prevención de la violencia en línea. Clara Chappaz, ministra delegada de Inteligencia Artificial, calificó de “horrible” la violencia sufrida por Graven y subrayó que la justicia esclarecerá las circunstancias de su muerte. También recordó que las empresas tecnológicas tienen la obligación legal de retirar contenidos ilegales y garantizar la seguridad de los usuarios.
Autopsia y contradicciones
El informe preliminar de la autopsia reveló la presencia de hematomas, pero descartó una agresión mortal. Según las autoridades, la causa probable estaría relacionada con problemas médicos o toxicológicos. Graven había tenido antecedentes cardíacos y estaba bajo tratamiento de tiroides, lo que añade complejidad al caso. Aun así, la fiscalía continúa indagando sobre la violencia sistemática a la que fue expuesto en sus transmisiones.
La policía confiscó material audiovisual del domicilio en Contes, cerca de Niza, donde fue hallado sin vida. Según el diario Le Parisien, hasta 15.000 personas presenciaban en directo las sesiones en las que Graven era objeto de humillaciones físicas y psicológicas, muchas veces alentadas por donativos de los espectadores.
Negocios, abusos y vacío regulatorio
La popularidad de Graven no era menor: más de 500.000 seguidores en Kick y ganancias mensuales de hasta 6.000 euros. En declaraciones pasadas a la policía, él mismo había asegurado que no era víctima, sino participante voluntario de “montajes” destinados a generar ingresos y notoriedad. Sin embargo, organizaciones y fiscales sostienen que se trataba de un esquema de violencia contra personas vulnerables, camuflado como entretenimiento digital.
El escándalo ha puesto en entredicho a Kick, plataforma australiana que desde 2022 ha captado usuarios con contratos millonarios a celebridades, pero que es conocida por laxa moderación. A diferencia de gigantes como YouTube o Meta, sobre los que la Unión Europea impone estrictos requisitos de vigilancia, Kick tiene apenas 3,5 millones de usuarios mensuales en Europa, lo que la deja bajo una supervisión más débil.
Impacto y consecuencias
Tras el revuelo, Kick expulsó a los streamers implicados y prometió una “reevaluación completa” de su contenido francés. Sin embargo, la presión política crece en Francia y Bruselas para aplicar a estas plataformas menores estándares más estrictos de moderación en tiempo real.
Mientras tanto, el caso Graven simboliza los riesgos de un ecosistema digital donde la violencia puede convertirse en espectáculo. La investigación judicial deberá determinar si la muerte del streamer fue una tragedia médica agravada por el acoso, o el resultado directo de un sistema que convirtió el maltrato en entretenimiento rentable.
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